Nuestro viaje de fin de año – Occidente

Todos los que tenemos uno o más chuchos queremos ir a todas partes con nuestros peludos, desde ir a la tienda o a pasos y pedales, salir con los chuchos es divertido, no se si a sus chuchos les pasa, pero a los nuestros les encanta la calle, no pueden escuchar el sonido de los arneses y correas o la palabra con “V” (vamos), porque se vuelven locos, exigen, ladran, lloran, se van a parar a la puerta, corren a buscarnos y nos ladran, en fin, un escándalo y no digamos si ya les pusimos el arnés… la casa se vuelve una locura total.

Don Jorge en plena locura del carro

El 23 de diciembre del año pasado, pasamos por toda esta locura antes de salir para un viaje un poco más largo de los acostumbrados, nos fuimos a pasar la Navidad a San Marcos, con los papás de Carlos y claro, nos llevamos a los chuchos, fue un viaje fantástico de cierre de año y lo disfrutamos mucho, chuchos y humanos.

La Nola siempre va feliz y Wasabi odia ir atrás, prefiere viajar en primera clase (sillón de adelante)

Y bueno, subimos al carro pero, la locura no termina allí, Jorge siempre pasa como media hora de camino en una gran felicidad, queriendo pasarse a los sillones de adelante, bajando y subiendo del sillón de atrás, sentándose en Wasabi, que al mínimo toque llora y se ofende; claro que, Wasabi también trata de pasarse adelante porque cabe debajo de los sillones; la Sushi, si va en el sillón de adelante pues va feliz, pero si va atrás llora para que la llevemos adelante y solo la Nola se sienta, ve para atrás, se echa y va tranquila todo el camino, toda esta locura va disminuyendo hasta que la paz total llega, a veces se duermen y de repente se les activa la locura que no dura demasiado y siguen descansando.

El más consentidor y el más consentido

La primera parada fue nuestro restaurante de camino favorito, La Cabaña de Don Robert, nos encanta porque es “chuchofriendly”  y porque la comida es muy rica, nos encanta el jardín porque es cómodo para los chuchos y para nosotros, los meseros siempre son muy buenos con los perros y claro no digamos con los humanos.

La Sushi investigando en el jardín del restaurante

La segunda parada técnica fue para ir al baño y estirar las patitas, claro ellos siempre creen que ya llegamos y quieren jugar y correr, pero aun nos quedaba un poco de camino.

La Sushi ya para el carro depués de hacer lo que tenía que hacer XD

Llegamos y para suerte de los viejitos (y para mi) no estaba tan frío como habíamos imaginado, esa noche hasta fuimos a una posada, pero por el frío solo llevamos a la Nola, mientras los pequeños se quedaron calientitos y consentidos en la casa.

Jorge en la “golden hour” <3

La mañana del 24 empezó con una ida a un baño gigante en la montaña, ustedes y yo (que estaba durmiendo aun) nos podemos imaginar lo increíble que fue para los chuchos salir a pasear libres a una montaña solo para ellos. Este 24 fue muy diferente a todos, porque luego la Nola tuvo una de sus grandes aventuras. Fuimos a una laguna, Carlos, su papá y su sobrino iban a pescar, la Nola no lo sabía, pero ella también trataría de agarrar algo para comer ese día. Resulta que en la laguna habían unos patos, la Nola enloqueció desde que los vio y pasó varios minutos planificando de qué forma iba a comérselos, lamentablemente ella no sabía que los patos pueden volar y cuando se lanzó por fin a la laguna a atraparlos ellos salieron volando, dejándola triste y sin presa. Creo que adicional a que ella no consiguió nada, ayudo a que los peces no quisieran asomarse a los anzuelos con lombrices, así que, aparte de todo, espantó la pesca.

 

La Nola planificando la captura de los patos

 

La Nola aprendiendo que, los patos pueden volar

En la tarde fuimos a dar otro paseo a la montaña, para que los chuchos estuvieran cansados y los cohetes no les afectaran tanto, nuestra Noche Buena fue muy tranquila, en familia y con menos pirotecnia de la que pensamos, eso fue fantástico para los chuchos, aunque Jorge es el que ladra y contagia a los demás, pero no fue mayor cosa.

La Sushi investigando en las montañas de San marcos

El día de Navidad los chuchos no amanecieron tan cansados como pensamos, el desvelo no les hizo ni cosquillas, ese día también salimos a caminar, y fuimos a la montaña a tomar fotos y a pasear, la Nola recibió el mejor regalo de Navidad del mundo, sus pepiprimas llegaron a San Marcos, porque al día siguiente, nos íbamos a conocer lugares maravillosos. Fue una felicidad inmensa la de la Nola al ver a sus primas y una locura en la casa con 7 perros, fueron unas fiestas increíbles.

Don Jorge conquistando las montañas de San Marcos

Al día siguiente salimos desde temprano, nos llevamos solo a la Nola y a Don Jorge, porque íbamos a Huehuetenango, teníamos preocupación de que el frío fuera demasiado para los chiquitines, así que ellos se quedaron emponchados y bien cuidados. Nuestra primera parada fue Chiantla, un lugar muy lindo, donde encontramos La Fonda de Don Juan, un restaurante “chucho friendly” con unos desayunos muy ricos y personas encantadas de tener a cinco perros en el restaurante, siempre es maravilloso encontrar negocios donde para las personas no es un problema que un cliente llegue con un chucho.

La Nola libre en el mirador

Ya cargadas las baterías, empezamos a subir y subir, íbamos al cielo, íbamos al Mirador Juan Dieguez Olaverri. Humanos y perros disfrutamos estar allí, las primas se dieron gusto corriendo y jugando y Don Jorge, claro, conquistando estas nuevas tierras que ahora son de su propiedad. Después de maravillarnos con el paisaje, decidimos ir en busca de otro maravilloso lugar de Huehuetenango y aunque no logramos llegar a donde íbamos, disfrutamos el viaje, los chuchos claro, investigaron, corrieron y jugaron sin importar donde estaban.  De regreso en Chiantla decidimos ir a cenar al mismo restaurante “chucho friendly” donde otra vez fuimos bien recibidos con los chuchos y ya de regreso a San Marcos… todos muertos del cansancio, los chuchos durmieron todo el camino y al llegar a la casa solo querían cenar y dormir.

Las barris jugando en la Tierra Media

Al día siguiente llegó la despedida de las montañas de pinos, regresábamos a la casa después de unos días increíbles, cansados pero felices, humanos y chuchos disfrutamos demasiado de nuestro viaje de fin de año, igual que el día anterior, los chuchos decidieron descansar casi todo el camino, al llegar otra vez a la Cabaña de Don Robert, seguían igual de cansados y luego hasta llegar a la casa.

La Xixi, cansadísima, en nuestra última parada antes de llegar a la casa

Salir de la rutina es increíble para humanos y chuchos, cada vez que puedan viajen con sus chuchos <3

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